sábado, 20 de diciembre de 2008

Corresponsal de viaje. Hoy: Grandes escapes (Parte II)

cCorresponsal: Bush Doctor


Haciendo tiempo en la puerta del hostel, vemos venir al pibe tan desdentado y harapiento como ayer. Apenas nos vio se nos acercó y nos pasó el pedazo de porro más grande que habíamos visto en nuestra vida. Eran como 150 gramos. Le dimos las gracias, nos sorprendimos de la honestidad misionera y nos fuimos para adentro a partirlo en dos y aprovechando las migas para hacer un mañanero.


La idea era que cada uno llevara un pedazo, compartir culpas, llegado el caso compartir calabozo, defendernos el uno al otro como buenos amigos.


Como estábamos sobre la hora, no teníamos tiempo para dobles fondos ni para rellenar una virgencita como siempre habíamos visto en las películas y como habíamos planeado la tarde anterior esperando que se haga la hora. Por lo tanto, cada cual puso su pedazo en su calzoncillo, valga la redundancia.


Bien locos, ojos rojos, ropa perfumada con humo de mañanero y con las manos oliendo a fraccionamiento, subimos al micro. Nos sentamos, cada cual a su discman, asientos separados y todo fue bien hasta San Ignacio, segundo puesto de gendarmería. Antes habíamos pasado por uno en el que había subido un perro pero se ve que andaba resfriado o buscando cocaína, porque ni nos olió.


En San Ignacio, había un bueno-cuando-meacuerde-telodigo, pero era un perro de una raza medio fina. Subió con dos gendarmes, los uniformados revisaban el portaequipaje y el perro iba olisqueando a la gente. No era la primera vez que un perro se empecinaba con mi entrepierna. Pero las consecuencias de esta vez fueron bien distintas a todas las demás. Me invitaron a bajar. Dos minutos después, veo bajar al poyo, mi amigo, y escasos segundos atrás el perro fino este que contaba.


Comenzaron a revisar todas nuestras pertenencias, papel por papel, hoja por hoja, media por media, diente por diente, pero como habíamos quemado lo último la noche anterior no teníamos absolutamente nada y el paquete de sedas lo había escondido entre los asientos. Esta revisión requirió dos testigos y demoró cerca de treinta minutos de extrema tensión que supimos disimular con nuestra cara de boludos y admitiendo que habíamos fumado como un jipi en gustok durante nuestra estadía en puerto iguazú y que quizás a eso se debía el particular interés del pichicho en nuestras personas.


Cuando todo parecía que iba a terminar, apareció uno de esos que mandan más. Decidió llevar la revisión más a fondo y me hicieron entrar a un baño grande con los dos testigos y como tres uniformados. Ya que atacarían mi persona, sería conveniente describir mi vestimenta. Alpargatas y medias. Bermudas y remera. Salieron las alpargatas y nada sorprendente apareció. Me hicieron levantarme la remera y sólo pudieron observar mi abdomen. Me hicieron bajarme el pantalón, después el calzoncillo.


Este último me lo saqué sin abrir las piernas y ya que estas son anchas y se quieren entre sí, el pedazo quedó atrapado justo debajo de mis testículos y sostenido por mis muslos. Me hicieron girar con los pantalones y los calzoncillos en los tobillos. Lo que hice con poca elegancia, pero las piernas muy juntas.


Y ya fue, hacía 45 minutos que habían parado el micro, no habían encontrado absolutamente nada y dándose por vencidos, y oyendo los reclamos de los otros pasajeros y los choferes, decidieron dar por finalizada la revisión sin hacer pasar al poyo al baño, con lo cual hubiéramos quedado re pegados, porque sus piernas son muy flaquitas (como un poyo) y al bajar sus pantalones hubiese caído un huevo de dinosaurio de cómo 75 gramos.


Juntamos todas nuestras cosas, volvimos a meter nuestras mochilas en el maletero y pudimos subir al micro y continuar el viaje. Esa es la historia. Pudimos zafar porque nos mantuvimos firmes en nuestra negación de la existencia de estupefacientes y por la tozudez de nuestra caradurez. Nunca nos inmutamos.


Igual no lo hagan, es un garrón, compren faso en Salta que después de todo no estaba tan caro.

6 comentarios:

Tomás Münzer dijo...

Ah, era verdad, te drogaste y viniste... saludos.

Angie dijo...

jaja. fue genial, yo no hibiera podido yo flanqueo, me rindo les pido perdon cumplo condena.
soy muy debil.

Estevo Raposo dijo...

Por los pelos...

de la ingle.

Ramonita dijo...

Esto es genial!!!!!!

Horacio dijo...

puta madre

esto está buenísimo pero no doy más, estoy agarrado con las dos manbos de la mesa de la compu

será hasta otro día, felicitaciones por el blog

Veroch dijo...

los amo mucho.